Rodaje en Tamaquito

Durante el rodaje en el viejo Tamaquito nos alojábamos en una cabaña vacía de la aldea y podíamos usar una segunda cabaña como ‘oficina’, donde almacenábamos el material de audio e imágenes y todo el equipo. Gracias a ello, pudimos participar en la vida de la aldea y, por otra parte, la comunidad pudo vivir nuestras rutinas diarias, la manera de comportarnos, los aspectos técnicos del trabajo de rodaje y nuestras reuniones de trabajo. No hay prácticamente ninguna privacidad porque toda la vida se lleva a cabo al aire libre; solo las hamacas para dormir están dentro de las cabañas. La gente se encuentra en el pozo de agua, mientras se lavan o mientras comen. Nosotros teníamos curiosidad y la gente de Tamaquito también, de manera que surgieron muchas situaciones divertidas. Cada aspecto de nuestro trabajo en la aldea era visible para todos, lo que fue sin duda un factor importante para construir una base de confianza. Un momento decisivo en la relación con el pueblo fue la segunda fase de rodaje. Al final de la primera fase de rodaje nos despedimos con la promesa de que volveríamos. Tuve la sensación de que las últimas dudas sobre nuestra credibilidad desaparecieron cuando cumplimos con nuestra palabra.

Desde el principio nos trataron como a miembros de la comunidad. La decisión de aceptarnos de ese modo la habían tomado antes del inicio del rodaje; era un requisito para poder participar en las deliberaciones internas del consejo y poder rodarlas. Todos los miembros del equipo participaron en los rituales espirituales que tenían lugar regularmente, tanto las ceremonias de purificación como las danzas y competiciones tradicionales.

La productora ejecutiva de nuestra película es colombiana. Como única mujer del equipo ha sido una persona clave para contactar con las mujeres y los niños de la aldea. Ha pasado mucho tiempo con ellos y de este modo ha podido recibir información difícil de conseguir a través de preguntas directas.

Tamaquito se encuentra en la frontera con Venezuela, en el extremo noreste de Colombia. Aquí la guerrilla de las FARC está actualmente muy activa. Además, por la frontera se introducen todo tipo de cosas de contrabando, especialmente gasolina desde Venezuela. Regularmente tienen lugar enfrentamientos armados entre los traficantes y la policía, así como entre el ejército y la guerrilla.

Jairo Fuentes dijo a nuestro equipo antes del comienzo del rodaje: “Queremos que todos ustedes regresen a casa igual que como han llegado. Por eso deben cumplir estrictamente con todas las normas de seguridad”. Solo hemos salido después del anochecer y fuera de la aldea en compañía de personas de Tamaquito.

Casi cada noche el ejército colombiano lanzaba granadas desde sus posiciones en la zona minera hacia el campamento de la guerrilla en las montañas detrás de Tamaquito. A pesar de ello, gracias a la diligencia de los habitantes de la aldea, nuestro equipo no ha tenido un solo incidente realmente peligroso durante el rodaje.

Los empleados del consorcio minero, sin embargo, solo se han aventurado a Tamaquito con escolta fuertemente armada. Viven en constante temor de ser atacados por la guerrilla. Cuando el presidente del consorcio El Cerrejón, Roberto Junguito, visitó la aldea con su esposa e hijos para felicitar a la gente de Tamaquito por sus nuevas y hermosas casas, llegaron a la aldea en una larga caravana de limusinas blindadas con lunas tintadas, acompañados por una unidad especial del ejército.